Sin vuelta que darle.

Tengan en cuenta que mientras escribo esto, hago algo que no había hecho nunca antes. Borrar un post anterior. No es que no haya escrito cosas que me parezcan bobadas antes, ni es un ejercicio de autocensura. Han pasado varias cosas estos días que han hecho que mi estado mental cambie, y un ensayo sobre la bronca que me produjeron los días de amenazas e insultos, no cuaja con la indescriptible esperanza que siento ahora. Por eso simplemente, no hay cabida para un post como “INGENUIDADES DEL PROCESO. Mi particular visión del ahora del TIPNIS… también para Trolls”. A ver si lo leíste, que duró poco.

El miércoles tuve el privilegio de pasar unas horas con los marchistas, dejándoles pocas cosas que pudimos juntar con algunas personas más que increíbles, que conocí ese mismo día. Para que se haga corto, debo decir primero, que todo es real. Tan real como las heridas de los pies de los marchistas, es la dignidad que explotaba desde Yolosa, la vida imparable, que no sólo nos cambió la charla. Con el canto del río de fondo, pocas horas nos cambiaron la perspectiva.

Igual que como me pasó a mí, si hubieras estado ahí, ahora te importarían bien poco los que te tachan de derechista, y casi nada te importarían esos pobres que durante ocho horas diarias se dedican a bombardear el Twitter/facebook con mensajes bien pensados para desmoralizarte.

Es que no hay forma de desmoralizar a alguien que ha podido experimentar la gran justicia de esta causa. Ni siquiera con los 50.000 que engordaron el acto triste de ese mismo miércoles, más temprano. Te garantizo hermano que si hubieras estado ahí, aun que fuera unas pocas horas, estarías sentado como yo ahora, con la cara de bobo, sin saber bien cómo vas a llevar al papel un momento que ha sido perfecto, en sus sonidos, en sus aromas, en el ambiente de extraña alegría que hacía que Yolosa se convierta en el mejor sitio posible para pasar ese momento.

Luego, desde el jueves estuve bien metido en una comunidad de yungas, privilegiado, ayudando en una investigación de gente grande que también acababa de conocer, arropado por esa comunidad que ya me había acogido antes. Debo reconocer que no sabía bien como iba a reaccionar la gente, sobre todo luego de los incendiarios discursos de las semanas anteriores, que pensaba que iban a poner los ánimos de la gente un poco más crispados que de costumbre. Nada de eso. Sólo agradecimientos a todos los que fueron tan buenos con nosotros, pintándonos en la mañana las sonrisas, luego de soportar en carpa algunas de las peores lluvias en años.

La selva, y la gente que ahí vive, tiene modos raros de mostrarte algunas cosas. Ahora creo que con la marcha vienen andando muchas de las cosas que buscamos durante décadas, como país, pero también como personas. Por eso, cuando mañana lleguen estos caminantes nuestros, saldré de donde sea que ande metido para acompañarlos por estas calles nuestras. Compartiré la fiesta que va a ser su llegada a destino, y te aseguro que van a importarme poco los que buscan ganar rédito político con la marcha, como si hubieran perdido ellos los hijos, o hubieran puesto ellos las espaldas el 25 de septiembre. Estoy seguro que tampoco van a importarle esos oportunistas a las decenas de miles de personas que van a hacer de ese día, uno de aquellos inolvidables.

En estas semanas entendí que lo que viene latiendo desde la selva y la montaña es como una gran ola que va a cambiar este paisaje definitivamente, y hay muchos que no sabrán hacer nada más que ver su paso, porque esa es la triste voluntad del político nacional, sea quien fuere. Ser el cambio requiere del coraje que sólo tienen mujeres y hombres dignos y libres, sean indígenas o cocaleros, sean los payasitos de La Paz, los lustrabotas del prado, los artesanos, las vivanderas, o esas señoras de la zona sur, que al final del día sí pusieron su parte, aun que eso levante roncha entre los masistas. Tratar de impedir que esa ola nos transforme, es la cosa más estúpida que alguien pueda hacer.

Al final de mañana, no va a importarme si los medios me mintieron o no, ni van a importarme los debates interminables de intelectuales contra fanáticos, ni los discursos del Evo. Porque mañana cuando finalmente vaya a acostarme, sabré que ha pasado algo realmente importante, que trasciende las estupideces de la gente. Eso es lo único que puedo garantizarte. Si mañana puedes escuchar el mensaje de la Madre Tierra en el sonido que producen los pies de tus hermanos llegando a La Paz, más fuerte y claro que en los discursos de las cumbres inútiles, te habrás transformado en una mejor persona, sin vuelta que darle.

Cuando mañana termine, la lucha comienza. TIPNIS RESISTE!

…A la memoria de los jóvenes guerreros Pedro Moye y Juan Uche, y con el enorme orgullo de haber nacido en el mismo país que ellos.

5 comentarios sobre “Sin vuelta que darle.

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  1. Muy lindas palabras, más lindos sentimientos! Esta lucha se ha politizado tanto que leer estas líneas devuelve el optimismo.

  2. Yo también he llorado hoy al ver las fotos y he puesto otra vez la canción CORAJE bien fuerte en mi casa. Ahora ya no es “Tipnis Resiste” solamente. Ahora es: “TIPNIS SE IMPONE” Carambas!

  3. Hermosas palabras, me gusta tu final que dice: “Si mañana puedes escuchar el mensaje de la Madre Tierra en el sonido que producen los pies de tus hermanos llegando a La Paz, más fuerte y claro que en los discursos de las cumbres inútiles, te habrás transformado en una mejor persona, sin vuelta que darle.”
    Esperemos tener al menos ocho millones de mejores personas (políticos incluidos) cúanta falta nos hace, gracias por escribir tanta verdad e inspiración.

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