La Cumbre

Una hembra de “leke leke” patrulla su porción de pastizales en busca de pequeños invertebrados. Estas aves se reúnen en grupos pequeños, y se pueden ver sobre todo entre marzo y mayo, a fines de la época de lluvias. En La Cumbre, los machos suelen verse solos, a poca distancia de los grupos de hembras.
Bofedales (un tipo de humedales nativos) y pastizales adornan las laderas rocosas de Los Andes, por encima de los 5000 metros del altura.
Un macho de “leke leke” vigila a cierta distancia un grupo de hembras. Varias veces se levanta de entre los pastos y permanece inmóvil unos segundos, antes de volver a su rutina de escarbar por alimento en el suelo.

Antes una zona predilecta para los cazadores de la ciudad de La Paz, hoy una pequeña área protegida en pleno proceso de recuperación, La Cumbre es uno de los sitios accesibles más interesantes para contactar una parte de la fauna altoandina más carismática. Con énfasis en la gran cantidad de aves que actualmente anidan en las varias lagunas de deshielo, típicas de la Cordillera Oriental, esta zona es un verdadero refugio para muchas especies que han escapado de la presión de los pobladores locales.

Un macho de perdiz agachona voltea ligeramente la cabeza para observar si no hay depredadores en el cielo, o si las gaviotas no se acercan demasiado como para resultar una molestia. Las agachonas confían plenamente en su camuflaje, y prefieren mantenerse inmóviles a escapar.
La agachona hembra es más grande, más gris y más confiada que el macho. A menudo uno la ve primero por que es la que se mueve para buscar nuevos sitios para alimentarse.

La Cumbre también se ha convertido con el tiempo en un centro de peregrinaje para los practicantes de las religiones ancestrales y turistas interesados. Es el sitio desde donde parten varias decenas de miles de bicicletas que recorren cada año el Camino de la Muerte a Coroico. También es el sitio de descanso para un sinnúmero de pequeños transportistas y sus pasajeros, todo sin contar los cientos y cientos de paceños que nos reunimos espontáneamente en las faldas de sus montañas cada vez que cae una buena nevada. Es previsible que estas actividades también tengan un efecto sobre los campos. La basura ha llegado hasta a los arroyos menos accesibles, y donde se mire hay algún rastro de plástico traído por el viento. Pero los cazadores hace tiempo que se fueron, o al menos han dejado de tener una influencia fuerte en el ecosistema. La Cumbre es un ejemplo de que simplemente dejándoles de matar, la mayor parte de la fauna puede prosperar, incluso a pesar de otras formas de mala influencia humana.

La choka gigante (Fulica gigantea) fue exterminada de la región, y hasta hace relativamente poco, sólo se conocían parejas reproductivas en el extremo oeste del país. Hace unos años que en La Cumbre se instalaron unas pocas, que se las puede encontrar con un poco de paciencia, cerca de la orilla de las lagunas, y siempre a una distancia muy prudente de los curiosos.
Las Huallatas o gansos andinos, son las reinas de las lagunas de La Cumbre. Han perdido bastante de su temor natural al hombre, y ahora aceptan compartir sus laderas con miles de turistas cada año.
Las huallatas casi siempre se encuentran en parejas, peinando las orillas de las lagunas o en las laderas cercanas. Al final de la época de lluvias sin embargo, se juntan pequeños grupos, con los juveniles que nacieron durante el último año.

La Cumbre se encuentra a apenas una hora desde la ciudad de La Paz, sobre el camino que conduce a Yungas. La carretera atraviesa uno de los pasos de mayor altitud del país, nada menos que 4600 metros de altura. A partir de aquí, hay un puesto de guardaparques, y se pueden realizar caminatas por una gran cantidad de pequeños senderos que llegan a todas las lagunas y a varios picos menores. Eso sí, si decides ir por ahí, camina lento e inspira fuerte, que terminarás haciendo trekking dos mil metros por encima que cualquier pico europeo… y lleva una buena bolsa de basura.

Las lagunas son por supuesto, el mayor atractivo de La Cumbre. Pequeños reservorios de agua que viene directamente del deshielo de los glaciares que aun cubren las cimas rocosas, pero que al igual que en toda América Tropical, han decrecido alarmantemente en los últimos años.
Debajo de las nubes, las humildes quebradas que dan forma a los enormes ríos amazónicos.

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