Acerca de USA fuera del Acuerdo de París.

Ayer nos dimos con la puerta al saber que Donald Trump quitaba oficialmente a Estados Unidos del Acuerdo de París, el que es hasta ahora el mayor y mejor consenso global para reducir la emisiones de gases de efecto invernadero.

Si, es cierto que no es una sorpresa. Es cierto que llevábamos meses viendo como se desmantelaba todo lo que se había construido en ese país en temas ambientales; y de alguna extraña forma, esto no es realmente peor que el boicot que Estados Unidos impuso al Tratado de Kioto, el primer intento serio de trabajar este tema desde una perspectiva multilateral. Sin embargo, algunos guardábamos la esperanza de que Trump no iba a destruir el liderazgo y confianza internacional que con tanta dificultad, había más o menos reconstruido su predecesor. Culpa nuestra.

No es difícil ahora sentir cierto pesimismo. No ya por la previsible espantada de la gran potencia (en realidad de su gobierno), sino por la forma en la que la realidad es simplemente rechazada por tantos y tantos a nuestro alrededor. Por la manera descarada de mirar para otro lado, e ignorar la abrumadora cantidad de evidencias científicas. La realidad de cada día es el calor extremo, la sequía y el frío anormal que cotidianamente sufrimos nosotros y nuestros hijos.

Puedo entender que un débil egomaníaco sea incapaz de mirar más allá del Lobby de las viejas corporaciones petroleras y de grupos de poder aferrados a un mundo que ya no existe, incapaces de ver las oportunidades que esta nueva realidad propone. Pero me cuesta mucho enfrentarme cada día con almas desesperanzadas, que buscan el cobijo de cuanto discurso nacionalista se les pone en frente.

La realidad es aplastante, y no porque no nos guste; o no seamos capaces de asumir la responsabilidad que a cada uno nos corresponde, la realidad va a ser diferente.

Sin embargo, Paris no es Kioto. Ni la sociedad, sea en Estados Unidos o en Bolivia, es la misma de hace diez años. Ni siquiera yo soy el mismo. Somos mejores a pesar que el mundo se cae a pedazos a nuestro alrededor.

Otros intentarán retomar el liderazgo perdido, y el compromiso es grande de parte de muchas naciones (solo Nicaragua y Syria no forman parte del Acuerdo de inicio). Lo que nos toca ahora, es recuperar la compostura, respirar hondo y aumentar la apuesta. Porque no somos ciudadanos del siglo XIX. Tenemos la capacidad y la motivación para impulsar el cambio desde donde nos encontremos, aprovechando cada oportunidad de influir en las personas de nuestro entorno, en nuestros gobiernos, y en todos los que se encuentran a la distancia que lo permiten las comunicaciones actuales.

Todos los países tienen una mitad irracional a la que hay que convencer. No podemos creer que estamos solos porque una parte del mundo aun piense que este lento suicidio es la mejor forma de solucionar sus carencias. Tampoco podemos esperar que un aislado Estados Unidos termine reconsiderando su postura con el tiempo. El compromiso debe ser personal, completo y urgente, para aportar al desarrollo de alternativas viables y sostenibles para cada nicho de desarrollo, y para cada comunidad.

Por mi parte, esta planteado el desafío de hacer crecer este rinconcito que hemos descuidado, y que sirva no solo para mostrar la belleza de nuestras selvas, sino para reflexionar y construir sobre nuestra realidad. Están todos invitados.

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