El lagarto curativo

 

Hace ya más de quince años, me tocó trabajar armando una feria en la ciudad de El Alto, al lado de una obra donde algunas cuadrillas de obreros levantaban incansablemente un edificio de varias plantas. Una tarde, los gritos de los obreros nos alertaron sobre un serio accidente que había ocurrido apenas unos instantes antes. Al parecer, una loza había caído sobre la mano de uno de los obreros, lacerando sus dedos hasta casi desprender uno de ellos.

Alguien se llevó al obrero de emergencia y no supimos más hasta luego de unos días, cuando nos contaron que no había sido conducido a un hospital o una posta, sino a un curandero que intentaba salvarle el dedo aplicando compresas con lagartijas recién muertas. Incluso llegamos a ver algunas de las lagartijas que, a pesar de la cantidad de testimonios que respaldan su poder curativo, no fueron suficientes para salvar esos dedos.

Esa imagen se quedaría conmigo por años, pero fue recién hace unas semanas que pude conocer esa lagartija, la Liolaemus forsteri.

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Un macho adulto de Liolaemus forsteri puede medir más de veinte centímetros incluida la cola, lo que la hace una de las lagartijas más grandes de su tipo.
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En la época reproductiva, lo machos pueden adquirir esta preciosa coloración verde y negra, pero puedes ser también amarillos, pardos, o incluso de un color gris azulado muy vistoso.

Este pequeño reptil es parte de un grupo de iguánidos andinos increíblemente bien adaptados a vivir a grandes alturas, cercanas incluso a los 5000 metros de altura, justo por debajo de la línea de nieve en las cercanías de Milluni y Chacaltaya, los únicos sitios en el mundo donde se le puede encontrar.

En estas desoladas montañas, habitan roquedales aislados, cercanos a humedales y arroyos donde encuentran su alimento; normalmente bichos, semillas, e incluso otras lagartijas más pequeñas. Liolaemus forsteri es una de las especies más grandes de su diverso género.

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Las crías y juveniles tienen una coloración críptica muy útil para sobrevivir en un ambiente hostil como el de las laderas andinas.

Cuentan que en esas laderas eran abundantes, pero lo cierto es que ahora son muy escasas. Cada día se venden por decenas en la feria 16 de julio de la ciudad de El Alto donde la gente las compra para curarse reumatismo, fracturas, artritis, y un sin fin de otras dolencias. Tanto ha trascendido su fama en la medicina tradicional que incluso son las protagonistas de un premiado documental corto de la BBC, que recomiendo muy sinceramente, y pueden ver justo debajo.

Nuestra necesidad de ellas las está llevando a su desaparición, y actualmente se le considera uno de los reptiles más amenazados de Bolivia. No solo la caza descontrolada, sino también la minería; la explotación de turba; y la expansión urbana, están destruyendo su naturalmente escaso hábitat, y lamentablemente nadie aun ha hecho nada serio al respecto.

Por su relación con nuestra cultura y el aprecio que decimos sentir por ellas, ciertamente se merecen más que este silencioso final. Al menos una reserva municipal y un plan de aprovechamiento que garantice que este lagarto curativo siga con nosotros para las siguientes generaciones.

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Otro macho buscando una hembra. Esta vez, usando el amarillo de la garganta como contraste al dorso café.

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