Uno vuelto a la vida.

El año 2003, Andreas John tomó la que era hasta hace unos días la última prueba de la existencia de Atelopus tricolor en Bolivia. Este género de coloridos sapos, conocidos también como sapos arlequín, son el grupo que más ha sufrido el efecto de una enfermedad emergente, la quitridiomicosis.

DSC_1303Producida por un tipo de hongo, la infección es responsable de la completa desaparición de un gran número de especies en todo el mundo, pero se ha ensañado más con los climas templados o fríos de Los Andes tropicales y Centroamérica. Los Atelopus se encuentran entre los seres más amenazados del mundo gracias a la quitridiomicosis, y la mayoría de las 96 especies descritas, han dejado de verse desde la segunda mitad de los noventas. En Bolivia, se pensaba que A. tricolor habría corrido la misma suerte.

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Numerosas quebradas rocosas bajan desde las serranías cercanas a Caranavi, pero por años no dieron resultados positivos. Incluso ahora, inspeccionamos en total 7 arroyos y solo uno tenia Atelopus.

Atelopus tricolor se conoce del sur de Perú y las selvas de montaña de Bolivia, entre 600 y 2100 metros de altura, y es el único sapo arlequín oficialmente reportado en el país. Se le ha documentado desde el norte de La Paz, hasta la región del Chapare en el centro, pero los últimos registros provienen de la Serranía Bella Vista, una zona muy húmeda y de fuertes pendientes, cercana a la ciudad de Caranavi. A esta serranía había ido yo a buscarlos muchas veces en los últimos años, sin suerte, a pesar de encontrar una rica herpetofauna.

Entonces, la noche del primero de enero de 2020, junto con Gabriel Archondo, decidimos buscar en un sistema de quebradas diferente, también cercano a Caranavi, pero bastante lejos de los sitios conocidos para la especie. Sin muchas esperanzas (tampoco era la primera vez que visitábamos esos arroyos) revisamos tres esa noche, y en el tercero, muy cerca del sitio donde la quebrada se hace inaccesible, pude ver, sin creerlo del todo hasta ahora, el primer Atelopus tricolor en 17 años. Un poco después Gabriel encontraba el segundo.

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El primer Atelopus tricolor que encontramos, y el único que movimos un poco para tomarle algunas fotos. También fue el único que volvimos a encontrar dos noches después.

La quebrada es una de tres, que bajan desde las cumbres cercanas, y el sitio de entrada se encuentra en torno a los 1150 metros de altura. La zona en general está fuertemente impactada por actividades agrícolas, pero los arroyos tienen una buena cobertura vegetal, y abundante agua que baja con mucha fuerza entre rocas muy grandes. Solo se encontraron Atelopus en una de ellas, a pesar que buscamos en las tres.

El primer Atelopus tricolor que encontramos, y el único que movimos un poco a unas hojas para tomarle unas fotos. También es el único que volvimos a ver dos noches después.

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En total, se encontraron cuatro especímenes de Atelopus tricolor. Todos reconocibles por las marcas de la espalda. Aquí tres de ellos, todos fotografiados In situ, sin manipulación de ningún tipo.

Volvimos dos noches después y revisamos las quebradas de nuevo. Solo encontramos Atelopus en la misma de la primera noche. Esta vez encontramos tres. Uno de ellos lo habíamos visto en la primera ocasión, y pudimos reconocerlo por las manchas de la espalda. Todos los que encontramos, estaban perchados sobre hojas anchas de helechos y plantas pequeñas que crecen en las paredes rocosas de la quebrada, la mayor parte de las veces, directamente sobre el torrente.

En años recientes, hallazgos como este se han dado también en Ecuador, Colombia Y Costa Rica, donde ranas y sapos que no se veían en décadas se redescubren. Poblaciones pequeñas que han sobrevivido al hongo, y que nos llenan de esperanza a todos los que amamos la naturaleza y reconocemos la importancia de conservarla. Ahora hace falta muchísimo trabajo. Es necesario determinar si se encuentran en otros sitios, cuántos son, y en qué condiciones sobreviven. Incluso ver si son portadores del hongo, o si sería necesario desarrollar una población ex-situ.

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Numerosas especies comparten estas quebradas. La primera en esta galería, es una Cochranella nola, una de dos especies de ranas de cristal que cantan en el arroyo. La segunda es un sapo americano Rhinella cf. margaritifera, que encontramos perchado a dos metros, directamente sobre el torrente, mostrando un comportamiento que, al menos yo, no había visto nunca. Finalmente un Pristimantis cf. platydactylus.

Por ahora, hemos tomado la decisión de no revelar el sitio exacto dónde se encuentran, con la finalidad de protegerlos incluso de los investigadores que quisieran colectarlos o dañarlos de cualquier forma. Aun la investigación científica debe garantizar el bienestar de la que podría ser la última población de Atelopus tricolor de la zona o del país. Esperamos pronto encaminar esfuerzos eficaces por comprender esta población, y garantizar su supervivencia y la de estas milagrosas quebradas, que resguardan no solo al increíble sapito arlequín boliviano, sino también a una enorme variedad de otros seres.

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