EL PROYECTO QUE LA CHIQUITANÍA NECESITA… (Y EL QUE NO)

“Va a haber plata, hermano. Está llegando de todos lados para reforestar la Chiquitanía”. He escuchado cinco variantes de esas frases en los últimos meses. La plata no llega, en Santa Cruz no hay interés realmente, pero eventualmente, tendrá que llegar.

Hagamos memoria. En 2019, más de 5 millones de hectáreas de bosques secos, sabanas y pastizales naturales se perdieron en los incendios forestales más salvajes que este país haya visto nunca. El problema de fondo no era el incendio mismo, sino sus causas. Un pacto tácito entre los agroindustriales del oriente, pequeños productores de granos y el Gobierno Central, encabezado por el, ahora caído en desgracia, Evo Morales.

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Evo, había firmado dos decretos que permitían a los pequeños productores extender la frontera agrícola, básicamente hasta el infinito. El interés de los grandes agroindustriales, que por ley en Bolivia tienen un “límite” sobre el tamaño de sus predios, es encargarse de la intermediación con mercados internacionales. De esta forma los pequeños terminarían trabajando para ellos de todas maneras. Un negocio redondo para todo el mundo, especialmente para el Evo, que esperaba así, poder controlar políticamente el oriente del país.

De esta forma, en esos meses de fuego, el Gobierno Central fingía que intentaba apagar el incendio; la gobernación de Santa Cruz fingía que era opositora al gobierno; y al final, en medio del infierno, los únicos que lo apagaban sin ayuda real de ninguna parte, eran un mar de jóvenes voluntarios, que por cierto, no sabían ese momento, que ese esfuerzo sería de enorme relevancia en el proceso que terminaría con Evo Morales fuera del poder.


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Ante la tragedia, es comprensible que una gran cantidad de personas en todas partes, intenten ayudar a restaurar un ecosistema que suponen moribundo. Sin embargo, el incendio no ha tenido las mismas características en todos los sitios. Hay lugares que se están recuperando de una manera notable, mientras otros no han sido capaces de reaccionar, aun. El bosque seco y las sabanas son ecosistemas sorprendentemente resilientes al fuego, cada comunidad de plantas y animales tiene una forma y un ritmo propio para reponerse, y estos son mecanismos que no se deben intervenir, no importa cuán urgente creamos que es llenar de árboles nuevos la chiquitanía.

El proyecto que se necesita no incluye plantar árboles. Si realmente existen recursos que quieres canalizar a esta maravillosa región, que sean para darle poder a sus habitantes, y a los miles de jóvenes y no tan jóvenes en todo el país que se mantienen vigilantes. El avance de la agroindustria se ha consolidado luego de Evo Morales, a una velocidad impensable el año pasado, pero de una manera silenciosa. Hasta el día de hoy, los decretos que permitieron las quemas no se han derogado, ni parece haber ningún tipo de interés en que eso pase; y las atribuciones que se está tomando el nuevo gobierno en temas agrarios, ciertamente sobrepasan su cualidad de “transitorio”.

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Si tienes los recursos, acelera la transformación productiva del agro cruceño, y del agro boliviano en general. Salvar la chiquitanía, en realidad significa modernizar las formas de producción en tierras bajas. Que no debería ser tan difícil, considerando las enormes ventajas de desterrar el modelo actual, que por cierto no es ni rentable. Por el contrario, es absolutamente dependiente de las subvenciones que todos los bolivianos damos al diésel, y muy vulnerable ante los escenarios de climas extremos proyectados. El modelo, sin embargo, es fácilmente reproducible y, de hecho, deseable por el común de los habitantes del campo, que buscan desarrollar sus ingresos y mejorar su capacidad de consumo.

El proyecto que la chiquitanía necesita, es una alternativa productiva real, y fácilmente asimilable por los productores grandes y pequeños, que les permita acceder a niveles de rentabilidad comparable, pero en espacios reducidos, altamente aprovechados, y menos vulnerables. Entonces si, hablaremos de restaurar los espacios cedidos por la agroindustria en favor de la protección del agua, biodiversidad y clima.

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