10 minutos entre mariposas

Bolivia es uno de los países con mayor número de especies de mariposas diurnas del mundo. Tal es la diversidad y el poco conocimiento que se tiene de este grupo en el territorio nacional, que el equipo de Identidad Madidi, recientemente publicó que en un solo sitio de estudio al pie de Los Andes, ya había identificado 115 nuevas especies para el país.

Considerando que la región de los Yungas es un sitio verdaderamente privilegiado en cantidad de especies, y en posibilidad de verlas, hace unas semanas me propuse hacer un pequeño experimento. Aprovechando el buen clima, decidí quedarme sentado en un sitio fijo al borde de un arroyo, durante 10 minutos exactos, y ver cuántas fotos decentes de especies diferentes podía tomar en ese cortísimo tiempo, sin moverme de ese punto, y en el rango de distancia que me da el lente macro de 100 milimetros. Por cierto, el sitio se encuentra sobre la carretera de la muerte, a más o menos 1400 metros de altura. Disfruten el resultado.

Accipiter collaris

El área general donde se ha realizado el segundo registro de Accipiter collaris en Bolivia, una región de bosques relativamente bien conservados y laderas escarpadas a 2108 metros de altura sobre el nivel del mar.

Alguien habrá notado el cambio en la foto de portada, ahora con una pequeña rapaz asomando la cabeza entre los musgos que cuelgan de una rama. Hay una razón para que esa foto se encuentre en tan importante sitio, se trata del rarísimo Accipiter collaris, una de las rapaces menos conocidas del nuevo mundo.

Documentada apenas un puñado de veces en todo su rango de distribución, desde Colombia a Bolivia, esta pequeña ave (menos de 30 cm.) sólo ha sido registrada en Bolivia con anterioridad, una vez en 2011 (Cotinga 36:56-67. 2014), en la misma zona donde se encontró este ejemplar, por encima de los 2000 metros de altura, cerca de la carretera vieja a Coroico. De Accipiter collaris se sabe que habita los bosques lluviosos montanos en buen estado de conservación, y que su dieta probablemente este compuesta principalmente de pequeñas aves. El registro de gran importancia acentúa la importancia de preservar los bosques montanos cercanos a la ciudad de La Paz, y por que no, aprobar a la ampliación propuesta del Parque Nacional Cotapata, que ya va siendo hora.

Esta es la mejor de varias dificiles fotos. Una enorme suerte encontrarlo y fotografiarlo en lo que queda su hábitat natural.

Una vuelta en la selva nublada

Esta es la breve crónica de una visita a yungas con Steffen Reichle, un gran amigo y amuleto de buena suerte, como verán.

Otro precioso habitante de los bosques mas altos, el frutero colifajado (Pipreola intermedia), una exclusividad de las montañas de Bolivia y Perú.

La primera parada, la parte alta de la selva nublada, y el inicio del camino hasta Coroico y el cerro Uchumachi, donde pasaríamos la noche, además el sitio de la primera gran sorpresa. Ahí arriba, casi a 3000 metros de altura nos encontramos con la rarísima pava de cara azul Chamaepetes goudotii. Esta gran ave, ha sido vista en el país apenas un puñado de veces Sigue leyendo “Una vuelta en la selva nublada”

Chuspipata

Amanece en una porción de Ceja de Monte cerca de Chuspipata.

Justo donde empieza la carretera de la muerte, queda en pie un pequeño poblado, que marca el inicio del descenso a Yungas. Chuspipata es frío y húmedo, lluvioso o cubierto de una espesa neblina la mayor parte del año. Se aferra a una ladera por encima de los 3000 metros del altura, y aun así se encuentra rodeado de un bosque espeso, y muy diverso. Desde Chuspipata también es posible realizar caminatas largas por este bosque oscuro y misterioso, único por su accesibilidad. Chuspipata se encuentra a hora y media de la ciudad de La Paz.

Uno de los pájaros más interesantes del Ceja de Monte es esta cotinga (Pipreola intermedia) se les encuentra a media altura en el dosel, perchadas en silencio, intentando pasar desapercibidas. Una senda al norte de Chuspipata es uno de los mejores sitios para encontrar esta especie.

Sigue leyendo “Chuspipata”

La Cumbre

Una hembra de “leke leke” patrulla su porción de pastizales en busca de pequeños invertebrados. Estas aves se reúnen en grupos pequeños, y se pueden ver sobre todo entre marzo y mayo, a fines de la época de lluvias. En La Cumbre, los machos suelen verse solos, a poca distancia de los grupos de hembras.
Bofedales (un tipo de humedales nativos) y pastizales adornan las laderas rocosas de Los Andes, por encima de los 5000 metros del altura.
Un macho de “leke leke” vigila a cierta distancia un grupo de hembras. Varias veces se levanta de entre los pastos y permanece inmóvil unos segundos, antes de volver a su rutina de escarbar por alimento en el suelo.

Antes una zona predilecta para los cazadores de la ciudad de La Paz, hoy una pequeña área protegida en pleno proceso de recuperación, La Cumbre es uno de los sitios accesibles más interesantes para contactar una parte de la fauna altoandina más carismática. Sigue leyendo “La Cumbre”

Una nueva caracolera

Así se ve la nueva caracolera de yungas. este es el segundo ejemplar encontrado, donde se ven claramente las manchas cafés del dorso, muy típicas de este tipo de serpientes.

Las culebras caracoleras del género dipsas son habituales en los bosques tropicales y subtropicales de toda América del Sur. La mayor parte son habituales representantes de la fauna de cada sitio donde habitan, pero hay algunas que son un verdadero misterio. A fines del año pasado les adelanté sobre un hallazgo realmente muy afortunado. En octubre encontramos una especie de caracolera muy rara, diferente a cualquiera que hayamos visto antes, muy probablemente una especie nueva para la ciencia. Hace una semana tuve la increíble suerte de ver un segundo ejemplar de esta especie. Sigue leyendo “Una nueva caracolera”

El Uchumachi

Una de las numerosas quebradas que baja del Cerro Uchumachi, la principal fuente de agua de toda la región.

Les presento el Uchumachi, una de las montañas más notorias y conocidas de los Yungas de La Paz. En sus faldas se encuentra la ciudad de Coroico y al menos una veintena de pequeñas comunidades y poblados, que hacen de este sitio, uno de los que mayor concentración de población en toda la región yungueña. Sin embargo, tiene una particularidad adicional que lo hace muy interesante para los que amamos la naturaleza, y es que entre la enorme cantidad de poblaciones y campos sembrados, quebradas degradadas y pastizales, el Cerro Uchumachi, se constituye en uno de los últimos sitios bien preservados de los valles accesibles de Yungas.

En los bosques en torno a Coroico, sobre todo en las laderas más húmedas, se pueden ver algunas de las aves más coloridas de yungas, como esta tangara coronada.

Sigue leyendo “El Uchumachi”

Un nuevo mapa para Diversidad entre Pendientes

Como parte de algunos proyectos que irán saliendo, he elaborado un mapa de la zona de yungas de Bolivia donde han sido tomadas la mayor parte de las fotos que van apareciendo en el blog, y que además puede ser descargado directamente haciendo click en la foto, o visitando la sección de Descargas (son unos 4 megas). Espero que les resulte de utilidad.

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Conociendo EL JIRI

El puentecito colgante de El Jiri, es uno de sus atractivos más interesantes pues se balancea sobre una quebrada preciosa. Sin lluvia, seguramente es uno de los mejores lugares para observar aves en todo el entorno del ecolodge.

El Parque nacional Cotapata, es una pequeña Área (más-o-menos) Protegida entre La Paz, y la ciudad de coroico. Tiene una importancia realmente extraordinaria, pero poco comprendida, para el equilibrio ambiental e hídrico de las zonas cocaleras de Yungas y para la conservación de la biodiversidad general de Bolivia. Por ejemplo en el área de poco más de 40.000 hectáreas (casi 60.000 considerando desniveles), se han reportado ya 500 especies de aves, y yo mismo he fotografiado varias que no se encuentran en las listas, por lo que el número seguramente subirá sin problemas por encima de los 550 luego de algunas revisiones (En todo Canadá y EEUU, el número de aves, es de 690). Y lo mismo se puede decir de anfibios, insectos, mamíferos y cualquier grupo que se encuentre representado en los ecosistemas de montaña de Los Andes. Cotapata es efectivamente el único refugio en cientos de kilómetros.

La lluvia es lo peor que le puede pasar a un fotógrafo de aves, no solo no salen, sino que cuando lo hacen, son mas reservadas que de costumbre. En el Jiri sin embargo, llegamos a identificar unas veinte especies, eso en las peores condiciones climáticas imaginables. Esta de aquí es una oropéndola.
No recuerdo haber estado tan cerca de un cuclillo ardilla antes, tanto que ni siquiera pude retratarlo completo con esa preciosa cola que tiene. Esta especie salta entre el dosel medio y no es tan difícil de ver como otras que debieran existir en estos bosques. Concretamente, la próxima vez tengo la intención de buscar quetzales, El Jiri parece ser un buen lugar para ellos.

Un poco más allá de Charobamba, la última comunidad del área que tiene camino, se encuentra El Jiri, un Ecolodge realmente interesante, muy bien equipado y no muy bien conocido. Desde El Jiri, se accede a algunas de las pocas zonas de Bosque primario que quedan cerca de La Paz, y en las sendas (que intercalan zonas de cultivos de coca y frutas, con bosques de montaña), todavía hay por todas partes evidencias de sus habitantes menos habituales, chanchos de monte, monos, gatos, y una variedad de aves que apenas se puede intuir.

La lluvia tampoco es buena para ver bichos, y aun así esos días en el Jiri encontré muchas cosas interesantes que no había visto nunca antes, como este precioso grillo de árbol.
Muchas arañas tejedoras construyen guaridas donde escapar cuando sienten la presencia de alguna amenaza. La de la foto sin embargo, no tiene que ocultarse debajo de nada, lo único que tiene que hacer es dejarse caer sobre el tronco donde ha construido su tela y quedarse inmóvil, y créanme que aun viéndola hacer esto, uno la pierde de vista con muchísima facilidad.
Este es otro ejemplo impresionante de camuflaje. Esta diminuta oruga literalmente ha llenado su cuerpo con escombros para pasar inadvertida. Este comportamiento no es del todo inusual, pero es la primera vez que lo veo en una larva de polilla.

En febrero de 2012, finalmente pude ir un par de días a El Jiri, pero la suerte no me acompañó. Prácticamente llovió todo el tiempo, lo que tampoco es inusual para esos meses. Con la lluvia desapareció la mayor parte de los esquivos habitantes de los bosques, y aun así soy capaz de mostrarles muchas cosas interesantes. Cuando comience el verano intentaré volver.

Cotapata es también un lugar espectacular para ver orquídeas. En el parque se han identificado ya unas 300 especies, y hay muchísimas más por describir, como ésta, que encontramos en la senda larga al Árbol Gigante, y que no figura en la guía que se publicó recientemente (a la que puedes acceder haciendo click en la foto)
Hay muchas cosas que aun me gustaría hacer, como revisar la fauna nocturna d elos arroyos cercanos al Jiri. Cotapata es probablemente el área protegida mejor estudiada de Bolivia, y aun así hay muchas cosas por descubrir. En este mismo blog he documentado varias especies nuevas de ranas y serpientes, y con ellas hay decenas de orquídeas e insectos que no se sospechaba que existían en este sitio.

Todos aquellos que buscan un sitio precioso donde descansar, y en medio de la naturaleza, (pero al mismo tiempo bien auxiliado) deberían conocer El Jiri y a Mario Burgoa, el dueño, que tiene siempre decenas de historias interesantes que contarles. Al ecolodge se llega por el camino de Coroico a Tocaña, hay que llegar a la comunidad de Charobamba, desde donde se camina una media hora más o menos. Vale la pena darle una oportunidad a esta valiente iniciativa. Pueden conocer más aquí: http://jiribolivia.com/wp_jiribolivia/ …y claro, una vez que conocieron el Jiri, les va a tocar conocer Apa Apa.

Como siempre, les animo a compartir este Blog. Gracias!

Más pequeñas sorpresas en el camino de la muerte.

Buscando bichos en las noches, de vuelta a la Paz desde Coroico por el “Camino de la Muerte”, hay normalmente un espacio entre los 2.300 y 2.700 metros de altura, donde es sorprendente la falta de sonidos. Ni una rana, ni un pájaro. Normalmente las noches a esta altura son profundamente silenciosas. De hecho, todavía tengo un vacío de registros de anfibios justamente a estas alturas, que poco a poco voy llenando. El fenómeno de declinación global de anfibios, junto con un ciclo bajo, y la sequía de 2010, han mermado poblaciones enteras de varias especies que solían ser comunes en estas alturas, pero además el tipo de bosque y los hábitos de las ranas que aquí viven hacen extremadamente difícil encontrarlas y documentarlas.

El hábitat de la gastrotheca encontrada es un entramado de laderas muy empinadas y bosques densos, relativamente bien conservados. Los cantos provenían tanto de zonas forestadas, como de otras más degradadas, derrumbes, pedregales, y desde las laderas a la orilla del camino.

A principios de septiembre de 2011, durante una de las primeras noches lluviosas, pude escuchar y grabar el canto de varias ranitas, desde las laderas rocosas y llenas de musgo. Esa vez, sin importar cuánto intenté, me fue imposible encontrar una sola y no volví a escuchar ese canto, a pesar que he pasado la noche por esos sitios varias veces. Hace unos días en pleno mes de julio, entrando a la peor parte de la época “seca” y sin ninguna esperanza real de encontrar nada, me sorprendió una persistente y poco común lluvia que continuó durante casi todo el día y la noche. Esta vez, dos o tres ranas se escuchaban cantar claramente desde las laderas de una quebrada amplia, cerca de las zona de cascadas, sobre el camino de la muerte. Un poco más arriba, eran decenas las que se escuchaban desde el piso del bosque a la orilla del camino, y también entre las rocas de los derrumbes.

Al parecer, esta especie sólo canta durante lluvias suaves y persistentes, en noches con mucha neblina, muy frías y muy oscuras. En otras condiciones, sería imposible creer que en estas laderas viven decenas de ranitas.
Las ranas marsupiales, son animales muy poco estudiados en la mayor parte de los casos, justamente debido a su rareza. Algunas especies como la que nos ocupa, son realmente pequeñas. Otras especies que probablemente también vivan en el área, podrían ocupar casi toda la mano.

Luego de varias horas de búsqueda, empapado yo y el equipo (muy bien por la canon, todo hay que decirlo), finalmente encontré una pequeña ranita que saltaba entre las piedras. Mi sorpresa fue realmente grande. No se trataba de una rana terrestre (pristimantis sp.) que aun no conociera, como pensé, sino de una pequeña rana marsupial del género gastrotheca. Estas ranas colocan los huevos fertilizados en una bolsa en la espalda de las hembras, donde se desarrollan hasta convertirse en renacuajos que se depositan luego en cavidades con agua o charcos, o hasta que salen ranitas completamente formadas en el caso de las especies más grandes. Las ranas marsupiales son típica de las montañas andinas, y en las zonas de bosques, son conocidas habitantes de las copas de los árboles. En las mayor parte de los casos sin embargo, los científicos las conocen más por lo raro que es ver una.

Al parecer los derrumbes (en realidad los bordes pedregosos de los derrumbes, que quedan más cerca del bosque) son zonas que estas ranas pueden colonizar con facilidad. De hecho, la dificultad de explorar las laderas forestadas, hace que estos sitios sean los mejores para ver este especie.

Nuestra ranita se parece a una especie de zonas altas, Gastrotheca marsupiata, de hecho su canto es muy similar, pero habita la zona “equivocada”. Mientras que Marsupiata es típica de los terrenos fríos, por encima de la línea de árboles, (desde los 3200 metros hacia arriba, mas o menos), esta otra se encuentra en el bosque nublado húmedo (se la escuchó entre los 2.250 y 2.610 metros). En el centro de Bolivia, una situación similar fue resuelta luego de la descripción de Gastrotheca piperata, una habitante de las ramas musgosas de los árboles. Nuestra ranita se diferencia de piperata, en que si bien se encuentra en zonas boscosas, su hábitat son las grietas del suelo, entre las raíces de los árboles, o en los derrumbes.

Las ranas del género Gastrotheca son generalmente poco vistosas. Esta en cambio ha probado ser una rana realmente bonita. Una de las ranas marsupiales más coloridas que haya visto, de hecho.

Eventualmente, un estudio dirá si se trata de una especie nueva como sospechamos, o si pertenece a otra especie conocida en Bolivia u otro país. Todo puede ser, como se queja un gran amigo herpetólogo, los Yungas son un sitio muy impredecible.

Saludos a todos. Compartan si les gustó, y no se olviden del TIPNIS!

Tucanes en los altos Andes

El nevado Mururata, corona el valle de yungas más accesible, y se puede ver desde el poblado de Coroico cuando las nubes lo permiten. Las montañas menores que lo rodean muestran la forma en la que interactuan dos de los ecosistemas más amenazados de Los Andes, el páramo en la parte superior, cubierto de pastizales amarillentos en ésta época del año, y el límite del bosque nublado, un poco más abajo.

En las selvas de los yungas bolivianos conviven al menos siete especies de tucanes, la mayoría de ellos son animales amazónicos que extienden sus hábitats hasta alturas medias de las laderas orientales de los Andes. Sin embargo hay dos especies que son exclusivamente andinas, Andigena cucullata y Aulacorhynchus coeruleicinctis. Esta entrada trata de estas dos especies, que debo reconocer, están entre mis aves favoritas.

Andigena cucullata. Esta especie es una de las que más alto llega en la Cordillera de Los Andes. Yo mismo la he fotografiado a 3.100 metros de altura, pero hay reportes sobre los 3.400 metros, hasta donde llega la línea de árboles del bosque nublado. En general es un ave muy rara, que busca zonas bien conservadas. El parque Nacional Cotapata es uno de los mejores sitios para verla. Habita hasta el centro de Bolivia y en una pequeña zona del Departamento de Puno en Perú.
Aulacorhynchus coeruleicinctis. Es más común y acepta mejor la degradación del bosque, encontrándolo en tanto haya todavía un dosel de media altura. En la “carretera de la muerte” es habitual encontrarlo entre los 1500 y los 2500 metros, posado en los árboles de cecropia, aun que no es fácil verlo, ya que la mayor parte del año su coloración es simplemente verde. En invierno, su época reproductiva, llega a ser tan colorido como el ejemplar de la foto.

Como pasa lamentablemente en todas partes, en yungas, la degradación del hábitat esta poniendo en peligro a ambas especies. Andigena cucullata por ejemplo, ha sido eliminada de la muchas zonas de su rango histórico debido al cambio de uso de suelo. La producción extensiva de flores lo eliminó de las laderas de Chulumani, en tanto que la producción de locoto hizo lo propio en buena parte de su hábitat en el Parque Nacional Amboró.

Una vista de los bosques nublados del Parque Nacional Cotapata desde el “camino de la muerte”, a una hora de la ciudad de La Paz. Estos bosques fueron impactados fuertemente por la extracción de madera, pero en un tiempo relativamente corto, el bosque secundario que allí crece, ya cobija nuevamente a una enorme variedad de animales. Lamentablemente, la capacidad de recuperación de estos ecosistemas es mucho menor cuando la amenaza son los monocultivos.

Como siempre espero que les haya resultado interesante y que compartan esta entrada. Saludos!

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