El lagarto curativo

 

Hace ya más de quince años, me tocó trabajar armando una feria en la ciudad de El Alto, al lado de una obra donde algunas cuadrillas de obreros levantaban incansablemente un edificio de varias plantas. Una tarde, los gritos de los obreros nos alertaron sobre un serio accidente que había ocurrido apenas unos instantes antes. Al parecer, una loza había caído sobre la mano de uno de los obreros, lacerando sus dedos hasta casi desprender uno de ellos.

Alguien se llevó al obrero de emergencia y no supimos más hasta luego de unos días, cuando nos contaron que no había sido conducido a un hospital o una posta, sino a un curandero que intentaba salvarle el dedo aplicando compresas con lagartijas recién muertas. Incluso llegamos a ver algunas de las lagartijas que, a pesar de la cantidad de testimonios que respaldan su poder curativo, no fueron suficientes para salvar esos dedos.

Esa imagen se quedaría conmigo por años, pero fue recién hace unas semanas que pude conocer esa lagartija, la Liolaemus forsteri.

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Un macho adulto de Liolaemus forsteri puede medir más de veinte centímetros incluida la cola, lo que la hace una de las lagartijas más grandes de su tipo.
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En la época reproductiva, lo machos pueden adquirir esta preciosa coloración verde y negra, pero puedes ser también amarillos, pardos, o incluso de un color gris azulado muy vistoso.

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