Nieve en el eterno verano

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Vista de La Cumbre nevada, a 4530 metros de altura.

La nieve es un elemento habitual en las altas montañas de todo el mundo, en Los Andes sin embargo, al menos en la porción tropical, las nevadas cumplen su parte en un curioso y violento ciclo que mantiene saludables todos los ecosistemas que se suceden en las laderas según bajamos. En este parte del mundo, las ventiscas (normales a 4500 metros del altura) suelen hacernos olvidar que el sol calienta el suelo por encima de los 20 grados centígrados todos los días, mientras por las noches las temperaturas puede llegar a muchos grados bajo cero.

Cuando la noche atrapa un frente húmedo, la nieve cae profusamente, sin importar si es invierno o verano. Todas las estaciones del año de manifiestan en 24 escasas horas, y todas las formas de vida deben adaptarse a uno de los escenarios más duros. Sigue leyendo “Nieve en el eterno verano”

La Cumbre

Una hembra de “leke leke” patrulla su porción de pastizales en busca de pequeños invertebrados. Estas aves se reúnen en grupos pequeños, y se pueden ver sobre todo entre marzo y mayo, a fines de la época de lluvias. En La Cumbre, los machos suelen verse solos, a poca distancia de los grupos de hembras.
Bofedales (un tipo de humedales nativos) y pastizales adornan las laderas rocosas de Los Andes, por encima de los 5000 metros del altura.
Un macho de “leke leke” vigila a cierta distancia un grupo de hembras. Varias veces se levanta de entre los pastos y permanece inmóvil unos segundos, antes de volver a su rutina de escarbar por alimento en el suelo.

Antes una zona predilecta para los cazadores de la ciudad de La Paz, hoy una pequeña área protegida en pleno proceso de recuperación, La Cumbre es uno de los sitios accesibles más interesantes para contactar una parte de la fauna altoandina más carismática. Sigue leyendo “La Cumbre”

La Cumbre

La primera parte de la bajada a yungas, aquí todo son montañas altas, un cielo azul increíble, y el frío intenso que condensa la humedad que sube de las selvas. También el bullicio de miles de personas que suben y bajan con productos desde las zonas colonizadas.

La cumbre, a un poco más de 4.400 metros del altura, es el punto más elevado de la carretera que lleva a yungas. Casi siempre es apenas un sitio de paso en el viaje a las selvas bajas, y por tanto, ha sido injustamente tratada en este Blog, a pesar de ser todavía el hogar de varias especies emblemáticas de las tierras altas.

En primavera, con las primeras lluvias, cientos de estas cascadas pequeñas empiezan a alimentar el sistema hídrico más grande del mundo. Esta sección de Los Andes funciona como una barrera natural para las nubes, que en su mayoría descargan aquí la lluvia. Al otro lado de la cumbre el paisaje cambia repentinamente por otro más seco, que caracteriza el valle donde esta asentada la capital de Bollivia.
En las lagunas formadas entre las montañas, viven una sorprendente variedad de aves, como este ánade crestón andino (Anas specularoides alticola) todavía habitual visitante de las charcas cercanas al camino, siempre por debajo de la línea de nieve.
Más difíciles de ver son las Viscachas, que en grupos, suben y bajan las laderas más pedregosas y los derrumbes naturales en busca de alimento y cobijo. Normalmente nocturnos en la mayor parte de su territorio, en estas zonas tan altas, es bastante común verlos a media tarde o bien entrada la mañana, si su camuflaje lo permite.

Actualmente la cumbre se ha vuelto un sitio muy importante para los curiosos de la cultura aymara. Desde el punto donde las montañas coronan el amplio valle de Pongo se realizan ceremonias ancestrales. En verano, con la nieve llegan enormes cantidades de turistas que se agolpan a los lados de la carretera, o en los caminos de tierra que llevan a las comunidades. Lamentablemente también se llenaron los cazadores, que proveen de plumas y otros macabros adornos a los trajes de los grupos folkloricos o de amuletos a los malos chamanes de la ciudad, o simples imbéciles que disparan sin ninguna razón. Cóndores, pumas, gatos andinos, y tarucas se suman a la lista de animales que fueron habituales en esta zona, y que no se han vuelto a ver.

De entre las varias especies de rapaces que se pueden ver en la cumbre, este aguilucho (Buteo polyosoma) es una verdadera sorpresa. No es particularmente raro en los valles secos, e incluso en las partes más altas de yungas, pero verlo a 4.400 metros ciertamente no es común.
Cada vez es más raro encontrar las condiciones específicas que pintan de blanco la cumbre. Normalmente se dan en los meses de inicio y fin de la época de lluvias, cuando las precipitaciones coinciden con frentes muy fríos, y eso sucede cada vez menos frecuentemente y con menos intensidad. Los glaciares de las montañas cercanas a la cumbre tampoco mantienen tanta nieve como hace pocos años, y de hecho la línea subnival se ha elevado bastante y con ella muchas especies empiezan a colonizar las laderas más escarpadas.

Espero que hayan disfrutado el post!

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