Jukumari

Esta quebrada en el Parque Nacional Cotapata ejemplifica ese punto en que los pastizales andinos del páramo dan paso a los bosques nublados, que aquí arriba se expresan primero como manchones, y luego como una densa alfombra inaccesible para la mayoría.

Jukumari es el nombre común que se le da en Bolivia al único oso sudamericano (Tremarctos ornatus). Un imponente animal que aun deambula en los páramos y selvas nubladas de Los Andes, desde Venezuela, hasta Argentina. Como fotógrafo especializado en estas selvas de montaña, tener la oportunidad de documentar un oso en su hábitat es un hito añorado, pero difícil de lograr. Los Jukumaris son extremadamente cuidadosos, a pesar de su tamaño pasan a menudo desapercibidos, y gracias a los terrenos que habitan, incluso si puedes verlos, es cumplido conseguir una imagen decente. Otro problema es que son escasos, muy escasos.

El zorro andino (Lycalopes culpaeus) es el carnívoro más habitual de la parte alta de las montañas y el páramo, compartiendo ese nivel del hábitat con el oso. Sin embargo, los zorros raras veces se encuentran al interior del bosque húmedo.

Durante décadas, el oso andino ha sido perseguido, acusado más o menos injustamente de perseguir al ganado y dañar los cultivos, o buscado como trofeo “deportivo”. Por supuesto, en este post, no voy a revelar el sitio donde encontré a tan increíble animal. Lo que es realmente importante Sigue leyendo “Jukumari”

Dos horas en Sillutinkara

El camino de Sillutinkara es una antigua senda usada desde la época precolombina para llegar desde la región montañosa a los valles de Yungas. Comienza en un desvió apenas visible desde la carretera nueva a Coroico, a más o menos 2900 metros. Desde este punto hay que subir hasta una cumbre, a casi 3500 metros, en un ecosistema de transición entre el páramo y el bosque nublado, normalmente llamado “ceja de monte”. Llegar a esta cumbre y dar media vuelta por que debes volver al carro, toma un par de horas más o menos. A continuación les muestro ocho fotografías tomadas en esas dos cortísimas horas, suficientes para prometerme volver con calma, esta vez para recorrer todo el camino.

Así se ve ese punto intermedio entre el páramo y el bosque nublado, un paisaje místico casi, siempre cubierto por una espesa neblina, y donde el único sonido es el raro canto de unas pocas especies de ranas.

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Una nueva psychrophrynella a la vista de todo mundo?

Apenas dos centímetros es lo que mide esta ranita, potencialmente nueva para la ciencia.

El género psychrophrynella está compuesto por una gran diversidad de pequeñas ranas, poco llamativas, que habitan ambientes húmedos y altos en la cordillera de Los Andes de Bolivia y Perú. Su característica más notable es que, sin excepción, todas las especies que componen el género pueden considerarse microendémicas, es decir, que su rango de distribución es extremadamente reducido. A menudo un solo valle, una subcuenta, e incluso un único manchón de bosque constituyen los únicos sitios en el mundo donde estas especies se reproducen. Con esta cualidad viene también una gran diversificación de especies y en ciertos sitios de Los Andes, prácticamente cada valle tiene una especie única de psychrophrynella.

Este es el hábitat típico de la “nueva” rana, el páramo yungueño y los pastizales por encima de los 3700 metros. En particular los manchones de arbustos y árboles de polylepis, como el que se ve en la parte inferior de la foto.

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