Una nueva caracolera

Así se ve la nueva caracolera de yungas. este es el segundo ejemplar encontrado, donde se ven claramente las manchas cafés del dorso, muy típicas de este tipo de serpientes.

Las culebras caracoleras del género dipsas son habituales en los bosques tropicales y subtropicales de toda América del Sur. La mayor parte son habituales representantes de la fauna de cada sitio donde habitan, pero hay algunas que son un verdadero misterio. A fines del año pasado les adelanté sobre un hallazgo realmente muy afortunado. En octubre encontramos una especie de caracolera muy rara, diferente a cualquiera que hayamos visto antes, muy probablemente una especie nueva para la ciencia. Hace una semana tuve la increíble suerte de ver un segundo ejemplar de esta especie. Sigue leyendo “Una nueva caracolera”

Día de serpientes

El 16 de julio es el día mundial de uno de los animales más incomprendidos y menospreciados, las serpientes. Para celebrarlo, he juntado en un post la mayor parte de los especímenes más raros que he encontrado estos años de fotógrafo en Los Yungas. Los reptiles de esta región están entre los menos estudiados del mundo, por lo que es frecuente encontrar culebras que no se sabe realmente qué son.

A continuación un buen grupo de ofidios sin nombre, especies nuevas para ciencia, o especies aun no identificadas apropiadamente. Espero que esta información sirva para conocer y comprender mejor la biodiversidad espectacular de las laderas andinas de Bolivia.

tachymenis

chuspipata

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Viaje al Corazón del MADIDI (primera de muchas partes)

Desde Rurrenabaque, el viaje se inicia atravesando el cañón del Bala, en el Río Beni, la puerta de entrada al Parque Nacional Madidi, y las últimas serranías andinas antes de los llanos amazónicos.

Los primeros días de enero tuve la oportunidad de visitar el Parque Nacional Madidi, probablemente el área protegida más biodiversa del mundo, y la verdadera joya del sistema de Áreas Protegidas de Bolivia. También, un sitio amenazado por la codicia de muchos de sus habitantes y las pésimas políticas ambientales y energéticas nacionales, como pasa con la mayor parte de los sitios más importantes del continente.

Sobre el río Tuichi, las suchas, coragyps atratus, secan sus alas luego de hartarse de los restos de un gran pez gato, que por esta zona se llama Surubí
Los grupos de hoatzines, o pavas Serere, son abundantes en las orillas de los ríos y las lagunas. Son animales realmente interesantes, lo pichones naces con garras en las alas que les ayudan a trepar y moverse entre la vegetación donde viven.
Los gansos del Orinoco son seguramente los más elegantes habitantes de las orillas del Río Tuichi

Desde hace años, a iniciativa de las comunidades indígenas a lo largo del río Tuichi, en el corazón del parque, se ha potenciado la industria turística al punto de que la región suma tantos visitantes anualmente como el resto del país en su conjunto, al menos la parte este del Río Beni, correspondiente al municipio de Rurrenabaque (uno de los pueblos más bonitos y prósperos que haya conocido, por cierto), curiosamente fuera del área protegida. Del lado oeste, el municipio de San Buenaventura, languidece debido a largas y estériles pujas políticas. Los habitantes que son responsables por el propio parque, bloquean las iniciativas turísticas, consideradas perjudiciales a sus proyectos agroindustriales y energéticos. La triste realidad es que este municipio fue siempre un botín político. La mayor parte de los proyectos que sus habitantes añoran, son técnicamente inviables o tienen consecuencias desastrosas a largo plazo, en resumen, son engaños para conseguir influencia sobre una zona rica en recursos naturales y políticos.

Las ranas son muy diversas en estos valles bajos. Luego de las lluvias cantas desde todas partes, entre las hojas del suelo hasta la copa de los árboles. Esta Phyllomedusa vaillanti es una rana particularmente fotogénica, más o menos común en los arroyos y los charcos grandes, durante la época de lluvias.
Entre las culturas de la selva, pocas cosas se consideran tan peligrosas como las serpientes de coral. Incluso es común la creencia de que si te encuentras con una de estas, algún pariente o amigo sufrirá un accidente. Sin embargo, son en realidad animales tímidos, que se ven rara vez y casi nunca intentan morder, a pesar que poseen el veneno más poderoso de todas las serpientes del Madidi. La de la foto es una micrurus obscurus, que media algo menos de un metro y medio, mas o menos el tamaño máximo que pueden alcanzar, lo que habla muy bien del estado actual de esta selva.

Pero en medio de esta compleja realidad, las comunidades quechua-tacana del valle del Tuichi, vuelven realidad lo que en principio parecía imposible. Con ayuda de Conservación Internacional, levantaron el primer albergue ecoturístico del Madidi, Chalalan. Cuando lo hicieron nadie conocía apenas de esta rica zona, el valle del Tuichi era coto de caza de donde salían miles de pieles de jaguares, nutrias de río y un sin fin de otros animales.  Hoy, nadie pone en duda la importancia que ha tenido Chalalan para que toda una región reconozca al turismo como su principal medio de vida. Con la llegada de los turistas se puso freno a la caza, se crearon varias otras áreas protegidas de competencia municipal y departamental, y se ha recuperado una de las poblaciones de jaguares más numerosas e importantes del mundo.

Muchos pequeños arroyos atraviesan la selva hasta los ríos principales. En estos arroyos, se ven con frecuencia huellas de cerdos de monte, tapires y jaguares, encontrarse con ellos, es otra cosa.
Un pequeño caimán de anteojos, refleja la luz del final de la tarde en el río Tuichi. Esta es una de tres especies de caimanes del Madidi. En los brazos de río con agua más calma y en las lagunas y humedales dentro de la selva habita el temido caimán negro, una especie que estuvo al borde de la extinción y que ha protagonizado un gran regreso.

La razón del viaje de enero, es apoyar una nueva iniciativa comunitaria que está desarrollándose a orillas del Río Tuichi, a los pies de las últimas serranías andinas. Un nuevo albergue comunitario que se esta levantando a medio camino al Chalalan, que junto con éste, promete a sus visitantes una experiencia dificilmente igualable, la experiencia de vivir unos días en la selva, una selva hermosamente recuperada para sus habitantes.

Un gran urubitinga se levanta desde su posadero, a orillas del río Eslabón. Esta rapaz con porte de águila, es común a lo largo de los ríos y lagunas, también cerca de las carreteras, siempre en torno a los grandes charcos, donde busca cangrejos, caracoles y peces, y llega a cazar aves y pequeños mamíferos.

La serpiente más bonita de Chulumani

Pasan cosas buenas cada vez que tengo la oportunidad de acompañar a Yuvinka Gareca y Steffen Reichle a sus jornada de búsqueda de mariposas, y no lo digo solamente por que son excepcionales personas y científicos, sino porque siempre tenemos la suerte de encontrar algo que no habia visto nunca y que vale la pena compartirlo aquí.

Los últimos bosques del valle de Chulumani, se encuentran usualmente en las riberas de los ríos más grandes. El tipo de bosque de este valle no es el que encontraríamos normalmente en Yungas, este un bosque seco enclavado en una zona húmeda (en torno a la ciudad de Coroico también existen bosques parecidos), y como tal resulta más apetecible a los agricultores de tierras altas, y tiene una menor capacidad de recuperación. En la foto se ven claramente terrenos erosionados, irrecuperables como no he visto en ningún otro sitio de yungas.

Esta vez, una serpiente realmente espectacular en uno de los lugares más deprimentemente degradados de Yungas, el valle de Chulumani. Esta zona ha sido la principal productora de coca durante siglos, y las consecuencias del monocultivo y la falta de planificación agrícola y ambiental son tristemente evidentes. Hoy apenas quedan algunos manchones más o menos buenos de los bosques secos que deberían dominar la parte baja del valle y por la noche, la cantidad de luces en los cerros es apenas menos impresionante que los incendios que se descontrolan e iluminan las laderas.

Esta preciosa Oxyrhopus sp. la encontramos al final de la tarde cruzando un camino vecinal. El hecho de que una serpiente tan especialista (practicamente sólo comen lagartijas, que por cierto no vimos ni una) aun pueda vivir en una zona aparentemente tan degradada, ha sido una muy agradable sorpresa.
Las serpientes de éste género (oxyrhopus) son difíciles de identificar y realmente no sabemos que pueda ser. Podría tratarse de una especie que esta siendo descrita ahora mismo de especímenes hallados en bosques secos del sudeste del país, o de hecho, podría ser una especie completamente nueva. Todas las Oxyrhopus son serpientes muy bonitas y tranquilas, y no representan ningún peligro para nadie.

Queda realmente mucho que avanzar hasta que la gente de Chulumani despierte al verdadero desarrollo, el duradero, el armónico, el que hará que las plantaciones de coca puedan convivir con el bosque y sus habitantes. Hallazgos como éste mantienen viva nuestra esperanza sobre el futuro del valle y sus pobladores, muchos de los cuales, actualmente trabajan duro y contra todo, para educar a los que vienen sobre la importancia de cuidar lo que aun queda y restaurar el que fuera uno de los valles más bonitos de Bolivia.

Con todo, la serpiente no es lo más raro que vimos esos días. Esto sí es. Al parecer sería una larva de algún tipo de membrácido, aun que la verdad, no apostaría por ninguna explicación acerca de porqué tiene esa cola.

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Un hallazgo afortunado en el Camino de la Muerte

Así es la selva a 2000 metros de altura. A menudo las búsquedas aquí resultan muy frustrantes por la dificultad que representa explorarla. Otras veces terminan en sorpresas importantes!

En los países sudamericanos es común encontrar especies nuevas todos los años. Bolivia no es una excepción. Sin embargo, igual que en todo, estos hallazgos son más raros en nuestro país debido a que no hay suficientes manos ni recursos para hacer las búsquedas, menos para realizar las descripciones. Los pocos especialistas de renombre que viven aquí, tienen una cantidad alucinante de trabajo en varios frentes, y literalmente decenas de frascos con especímenes desconocidos, aguardando por un nombre, que llegará luego de varios años, cuando el tiempo y los fondos lo permitan.

Por otro lado, para alguien como yo, que no soy biólogo, sino fotógrafo. Sentirme parte de la red de información que ayude a comprender la biodiversidad de mi país, pero sobre todo, tener la posibilidad de divulgar esta riqueza desde el Blog, es un enorme privilegio.

Seguramente esta rana yungueña, Hypsiboas balzani, no forma parte de la dieta de las culebras Atractus, pero tampoco se puede descartar del todo, siendo que se conoce tan poco sobre su forma de vida, especialmente de las especies más grandes que son francamente escasas. Cerca de donde encontré la serpiente, también se encuentra el último charco del camino donde se crían estas ranas, que casi no se ven sobre los 2.000 metros de altura.
Se sabe que al menos las especies más pequeñas de atractus comen gusanos de tierra, babosas, insectos y arañas, todos bichos muy comunes en las laderas más húmedas, donde también es frecuente encontrar planarias como la del a foto.

Hace unas semanas, cuando esperábamos a la Gran Marcha en contra de la carretera que partiría el TIPNIS, habíamos dejado en claro que una de las razones por las que nos oponíamos tan duramente a esta obra, era la certeza de perder una enorme cantidad de recursos que ni conocemos, ni comprendemos. El TIPNIS es una de las zonas menos exploradas de Bolivia y sospechamos que una de las más ricas en especies. Y cuánto lo será, si el hallazgo del que hablamos en esta entrada, no se da en las remotas selvas del Sécure, sino en las laderas a una hora y poco del centro de La Paz, sobre uno de los caminos más transitados y turísticamente mejor explotados del país.

Se trata de una serpiente del género Atractus, un grupo de culebras muy diverso, pero extremadamente raro. Viven la mayor parte de su vida bajo tierra, comiendo lombrices y caracoles, y se encuentran desde Panamá hasta el norte de Argentina. En Bolivia se conocen una docena de especies, algunas tan raras como Atractus emmeli, Atractus balzani y Atractus taeniatus, que no han sido vistas en el país desde 1888, 1891 y 1916. Y no se sabe mucho más. En general son pequeñas culebras inofensivas, que no suelen superar los 35 centímetros de largo, aun que ésta tendría unos 60.

Finalmente, estas son las fotos de la Atractus, que no sólo es una de las serpientes más bellas que he visto, sino una de las más movedizas y difíciles de fotografiar. Aun tengo más moretones que fotos buenas gracias a ella.
Es muy fácil imaginarse cómo este tipo de serpientes pasan desapercibidas por mucho tiempo. No hay muchas sendas en estas zonas. Las que hay, se caminan con dificultad e internarse en el bosque a esta altura es casi imposible y muy peligroso.

Poco después de la media noche, luego de un día particularmente cálido y seco, esta culebra se hallaba sobre el camino antiguo a Coroico, que ahora se conoce como el “Camino de la muerte”, a 2120 metros de altura, en un sector de laderas muy empinadas cubiertas de bosque bastante degradado cerca del camino, pero en buen estado un poco más allá. El suelo de su hábitat se siente como una enorme pila de piedras sueltas cubierta de musgos y helechos, con muchísimas grietas por donde se mete con una facilidad increíble, lo que delata un modo de vida bastante alejado de las miradas de los curiosos y los científicos.

El sitio del hallazgo es realmente precioso, un paisaje de laderas muy húmedas cubiertas de selvas y llenas de vida. A pocos kilómetros del sitio donde se encontraba la culebra, el agua cae desde los cerros sobre el camino, y configura una vista realmente inolvidable. También es una de las zonas más ricas en especies de aves en Bolivia.

Es verdad que puede tratarse de una especie que no se haya reportado para el país, o un espécimen anómalo de alguna culebra conocida, pero es más posible que se trate de una especie totalmente nueva, y considerando que a veces pasan cientos de años antes de volver a ver a estas serpientes, también es muy posible que nunca reciba un nombre (esto gracias a mi costumbre de nunca atrapar a mis modelos). En todo caso lo realmente importante, es la capacidad que tienen estos bosques para sorprendernos, enseñarnos a ser humildes y devolvernos a la dura realidad de que podemos estar destruyendo un mundo que somos incapaces de comprender.

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